Divorcio | Régimen de Visitas

Divorcio | Régimen de Visitas

¿Cómo organizar las visitas del papá tras el divorcio?

Divorcio | Antes de iniciar con las recomendaciones que se incluyen en la siguiente nota, es importante aclarar que son los padres, quienes deben conocer las ocasiones más propicias para establecer el régimen de comunicación con sus hijos, recordando que debe adecuarse según la edad y circunstancias de los menores. Esto debe ser resultado del acuerdo establecido entre los padres y si en última instancia no fuera posible llegar a dicho acuerdo, de igual manera el juez establecería el régimen de visitas.

Independiente de quien tome la decisión, al momento de establecer un régimen de visitas adecuado tras un divorcio, es muy importante tener en cuenta la edad de los menores que estén implicados en el régimen y según la etapa de su desarrollo, así serán sus necesidades específicas, las cuales se podrían ver afectadas a la hora de establecer la frecuencia y duración de las visitas de algunos de los progenitores, así como la existencia o no, de permisos para dormir fuera del hogar (conocido en términos legales cómo pernoctas) y cómo distribuir las vacaciones del niño.

Específicamente los aspectos de la frecuencia y la duración de la visita, son unos de los temas que más preocupan a los padres y por ende, se convierte en una de las mayores consultas que se realizan en las clínicas psicológicas.

Si hablamos de  frecuencia, se debe tener en consideración, que cuanto menor edad tenga el niño o niña, mayor debe ser la frecuencia para compartir. Esto porque los niños pequeños, desde los 0 a 5 años, son capaces de reconocer voces, pero aún les falta evolucionar la conciencia del tiempo y del contexto, por lo tanto la memoria a largo plazo es limitada y su forma de entender el tiempo también lo es. Es por eso que una mayor frecuencia de visitas, es la mejor forma de garantizar el apego al padre. En niños pequeños de 6 años en adelante, es bueno que la frecuencia sea más bien sistemática para que se vaya estableciendo un hábito en el niño y así aportarle mayor estabilidad.

Posterior, hay que tomar en consideración que cuando los niños llegan a la adolescencia, la frecuencia puede variar; ya que en estas edades los diferentes contextos de socialización (intereses, colegio, amigos, entre otros.) adquieren gran importancia y el menor va adquiriendo autonomía.

La frecuencia de las visitas en la adolescencia dependerá también de  cuanto puede llegar a interferir  con los estudios del (a) menor o con sus actividades propias. En esta es cuando se puede llegar a la “negociación” entre padres e hijos y por lo tanto se recomienda intentar llegar a acuerdos con ellos, evitando caer en la manipulación de los menores.

Una vez establecida la frecuencia, es importante establecer la duración de dichas visitas, tomando en cuenta la edad de los menores; por ejemplo: con niños muy pequeños es recomendable que la duración sea corta, para que no interfiera en los horarios establecidos en su rutina (dormir, meriendas, entre otros), posterior en la etapa de la niñez ese tiempo puede aumentar y en cuanto a los adolescentes, esto podría variar, ya que éstos se enfocan en sus amigos y tienden ser más autónomos, de ahí la necesidad de llegar a acuerdos y no limitar sus actividades de interés, ya que puede llegar a generar una aversión a compartir con el padre.

En general se puede recomendar que es sumamente necesario que los progenitores tras un divorcio pueda involucrase en la vida de sus hijos (as), y por ende ajustar la duración de las visitas, para lograr una verdadera conexión con los intereses de ambos en cuanto gustos, estudios, limites, etc.

Otro aspecto igual de importante, es analizar los casos donde se desea que el (la) menor (no adolescente) duerma fuera de casa con algunos de los padres, se debe respetar los horarios y actividades que siempre realizan, para afectar la rutina del menor lo menos posible y cause el menor impacto y en aquellos caso cuando se trata de implementar  estas salidas de casa por primera vez, será oportuno iniciarlas los fines de semana para hacer una adaptación gradual y luego intensificarlas en vacaciones, que incluya posibles visitas al otro progenitor y de esa forma  la separación no sea tan abrupta.

En el caso de los adolescentes esto varía, ya que ellos tienden a ser más selectivos y desean mayor privacidad; adicional a esto, ellos realizan planes con su grupo de pares, por lo que se recomienda involucrarlos en los planes vacacionales.

Revista Mamá Joven 

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